Un mapa debe responder una pregunta
Una fotografía aislada no siempre explica acceso, vialidades, servicios, etapas y referencias. La elección entre 2D y 3D debe comenzar por lo que la persona necesita comprender, no por cuál formato parece más moderno.
- ¿Dónde está el desarrollo respecto de la ciudad?
- ¿Cómo se llega desde una vialidad reconocible?
- ¿Cómo se distribuyen lotes, viviendas y amenidades?
- ¿Qué cambia entre etapas?
- ¿Cómo influye el relieve en el proyecto?
Cuándo conviene un mapa 2D
La vista superior mantiene una jerarquía estable y facilita comparar posiciones, seguir rutas y entender una distribución general. Funciona en fichas, web, folletos, presentaciones y pantallas pequeñas donde el usuario consulta a su ritmo.
Su límite es que aplana el terreno. Pendientes, alturas y relaciones volumétricas pueden necesitar símbolos, secciones o una vista complementaria.
Cuándo aporta valor un mapa 3D
La profundidad ayuda a explicar topografía, volúmenes y aproximaciones desde el territorio. Es útil en video cuando la cámara pasa de una vista regional a otra cercana, siempre que el movimiento no oculte accesos ni referencias.
La perspectiva no acredita límites, vistas, dimensiones o alturas. Los elementos futuros deben diferenciarse y no presentarse como obra terminada.
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